Oceans

Hay algo que va mal dentro de mí. He encontrado una pieza suelta: el corazón. Al agarrarlo se me ha manchado el corazón de sangre, pero aún palpita, aún está vivo, luchando contra el frío que invade mi pecho. Suena Oceans, de Seafret, mientras yo juego con el bolígrafo entre los dedos. Me tiemblan los labios y se agita mi pecho. Parece que llevo un pájaro herido dentro. Se agita y grita. Mis cuerdas vocales siguen congeladas. Ningún lugar significa estar a salvo. Escríbelo, me susurra una voz cerca del oído izquierdo. Me siento frente a la pantalla y me desvanezco. Aparezco en un bosque cubierto por nieve y envuelto en una gélida niebla que podría congelar una lágrima en el lagrimal. Parpadeo, rodeada por el frío, hasta lograr devolverme a mi cama, de donde mi mente me había arrancado. El pájaro de mi pecho parece haber dejado de aletear, aunque aún siento cómo respira. Me dejo caer en el lado de la cama donde ojalá oliese a hogar y cierro los ojos.

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2 comentarios

  1. ”Me dejo caer en el lado de la cama donde ojalá oliese a hogar y cierro los ojos.”

    Creo que hacía mucho que una frase conseguía dejarme sin latidos un segundo. Enhorabuena, desconocida, no has perdido ese nosequé que te hace tan especial.

    1. No sabes cuánto agradezco tus palabras. Espero que sólo fuese un segundo, porque, de no ser así, tendría que preocuparme. Gracias por estar por aquí, desconocida.

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