Lobo

Hay un lobo en medio del camino. Tiene ojos oscuros  y enseña las fauces, con el pelo erizado. Avanza de forma dudosa. Ese lobo soy yo. El camino está desdibujado por las lágrimas. No reconozco mis huellas entre la nieve. El frío congela mis extremidades y estoy a punto de caer exhausta y dejar que el gélido aire haga el resto del trabajo. Si miro hacia detrás, un rastro de sangre roja y aún caliente decora la nieve blanca, marcando mi camino. Hacia delante solo hay niebla y sonidos cuyo origen desconozco. Una vez más, me siento sola, arrinconada y en peligro, pero en vez de correr en la dirección contraria, hago alarde de un poco de valentía. El lobo ladra, muestra los dientes y continúa andando. La nieve va cubriendo el rastro de vida que va dejando a su paso, y las lágrimas secan en sus ojos.

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