Fin del mundo

Escribir, lo que se dice escribir, escribo como si mañana fuese a acabarse el mundo y yo no pudiese besar tus labios una última vez. Cada noche, antes de cerrar los ojos, imagino que me besas (muy, muy despacio, casi con temor a resquebrajarme los labios) y me dices (muy, muy bajito, como si no quisieras romper el momento) que me quieres. Nos abrazamos y las espinas que recubren nuestra piel nos arañan, abren todas nuestras heridas, pero no nos soltamos porque, al fin y al cabo, nos queremos.

Una utopía, eso es lo que es, al fin y al cabo. En primer lugar, porque ni tú ni yo deberíamos soportar noches enteras de dolor por un abrazo y un beso en los labios. En segundo lugar, porque en los últimos segundos antes de caer en las redes del sueño sólo se puede pensar en utopías.

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